¿Problemas de conducta?

Problemas de conducta: cualquier conducta que rompe la convivencia y genera malestar en el hogar. En determinados casos, estos comportamientos pueden llegan a ser peligrosas para personas, otros animales o para el propio animal.

ETÓLOGIA CLINICA

¿Tu perro tiene un problema de conducta?

Diagnóstico

En esta cita evaluaremos el caso a fondo. Empezaremos con una entrevista de unos 60 minutos. 

Si es necesario, pautaremos una serie de pruebas médicas que deberás realizar con tu veterinario de cabecera de confianza” 

Con esos resultados, la información de la entrevista y, si procede, pruebas complementarias (vídeos o test de comportamiento), os entregaremos una valoración diagnóstica clara.

Tratamiento

Tras confirmar el diagnóstico, nos pondremos en contacto para empezar. 

El plan será 100% personalizado y os acompañaremos de principio a fin. No hay una pauta única: algunos casos se resuelven con la primera visita y una sesión de tratamiento; la mayoría requieren varias.

La frecuencia dependerá del problema y os indicaremos en cada momento cuándo conviene volver.

Objetivo

Conseguir establecer una relación sólida y duradera con vuestro perro.

Enfoque

Un apoyo integral y personalizado que os acompañará paso a paso.

Método

Rutinas, respeto, ejercicios a medida y comprensión de sus necesidades.

Dinámica

Sesiones individuales y focalizadas en el problema. No hay soluciones
globales para todos los problemas.

Respeto
Tecnicas respetuosas para el animal.
Vinculo
Crear un vinvulo con la familia
Disfrutar en compañia
Tiempo de juegos y actividades

¿Quieres prevenir los problemas de conducta?

Adelántate a los problemas y edúcalo lo antes posible

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Etología Clinica

La etología es la ciencia, relativamente nueva, que estudia el comportamiento de los animales. A principios de los años 60, Nikolaas Tinbergen, uno de los padres de la etología moderna, publicó un artículo titulado “On Aims and Methods of Ethology” (“Sobre los objetivos y los métodos de la etología), donde sentó las bases para el estudio científico (objetivo) del comportamiento animal.

Según Tinbergen, para entender el comportamiento animal, en primer lugar, se debería observar y describir, objetiva y detalladamente, la conducta del animal. De ahí que, con frecuencia, seguro que te imagines a un etólogo con prismáticos observando a los animales con mucha paciencia. A este listado de conductas de una especie se le dio el nombre de etograma.

Una vez establecido el etograma, Tinbergen propuso que, para entender cualquier comportamiento animal, se debía dar respuesta a cuatro preguntas, las 4 preguntas de Tinbergen:

  1. ¿Qué causa ese comportamiento?
  2. ¿Cómo se desarrolla la conducta? O lo que también se llama, conocer la “ontogenia” de la conducta.
  3. ¿Para qué sirve esa conducta?
  4. ¿Cómo evolucionó esa conducta? 

Por lo tanto, cuándo se estudia la conducta animal desde, un punto de vista científico, aun a día de hoy, se establecen estas cuatro preguntas como la base para comprender el comportamiento.

El etólogo, por lo tanto, es el científico o profesional que se encarga del estudio de la conducta animal. Estudia el comportamiento animal desde diferentes perspectivas con el objetivo de entender la conducta, pero también de plantear hipótesis para mejorar el bienestar de los animales. Existe un relación muy estrecha entre el estudio del comportamiento y el bienestar animal. 

Etología: una ciencia multidisciplinar

Para comprender la conducta animal se requiere de la colaboración entre diferentes ciencias. La biología, zoología, psicología o la veterinaria, entre otras, son algunas de las disciplinas científicas que tienen un papel importante en el estudio del comportamiento animal. 

Etología clínica o medicina del comportamiento

La etología clínica es la ciencia que estudia el diagnóstico, tratamiento y prevención de los problemas de conducta en los animales. De hecho, actualmente, se prefiere usar el término medicina del comportamiento animal (de la traducción del inglés behavioural medicine) o, incluso, el concepto psiquiatría veterinaria.

Los veterinarios son los responsables de garantizar la salud de los animales. La salud animal engloba tanto su salud física como mental, de hecho, no se puede entender la salud física del animal sin tener en cuenta la mental, ni viceversa. Dicho en otras palabras, la etología clínica, o medicina del comportamiento, es la especialidad veterinaria que se encarga del estudio de los problemas de comportamiento de los animales, y los etólogos clínicos, son los veterinarios especialistas que se encargan de diagnosticar, tratar y prevenir los problemas de conducta en los animales.

Los problemas de comportamiento en animales de compañía se definen como cualquier conducta del animal que resulte molesta para la familia (tutores o propietarios). Esto implica que los problemas de comportamiento tienen un componente subjetivo importante.

Es fundamental señalar que muchas de estas conductas son completamente normales dentro del etograma (ver más arriba) de la especie. Por ejemplo, los gatos pueden arañar los muebles o marcar el sofá con orina, comportamientos que son totalmente normales para un gato. Sin embargo, para muchas familias, estas conductas pueden resultar inaceptables y pueden requerir la ayuda de un veterinario especializado en comportamiento para prevenirlas o resolverlas.

Por otro lado, hay conductas que pueden resultar molestas para algunas familias y, en cambio, ser deseadas por otras, incluso tratándose de la misma conducta: por ejemplo, perros que defienden agresivamente su territorio cuando una persona u otro perro intenta entrar en la casa (agresividad territorial). Esta conducta puede resultar muy molesta para algunas familias, mientras que otras incluso entrenan al perro para que sea agresivo en ese mismo contexto.

En otras palabras, el hecho de que una conducta determinada se considere un problema depende no solo de la conducta en sí, sino también de otros factores como la tolerancia de la familia, el entorno en el que vive el animal, etc.

En otras palabras, cuando las familias deciden buscar la ayuda de un veterinario especialista para su perro o su gato debido a un problema de comportamiento, es porque perciben dicha conducta como molesta.

Como se ha mencionado, muchas de las conductas que se consideran problemáticas son, en realidad, comportamientos normales para el animal. Sin embargo, también existen problemas de comportamiento que tienen su origen en patologías. Como se ha mencionado, la relación entre la salud física y mental del animal es inseparable. Numerosas patologías pueden favorecer la aparición de conductas agresivas, fobias o estereotipias, entre otras. De nuevo, este es uno de los principales motivos por los que los problemas de conducta siempre deben ser visitados por un veterinario especializado en problemas de conducta, ya que otros profesionales (que también pueden tener relación con la etología), como biólogos, psicólogos o, incluso, educadores caninos, no tienen el conocimiento necesario para analizar de forma completa la conducta del animal.

Además, en algunas ocasiones, estas conductas —ya sean normales para la especie o de origen patológico— se expresan de manera “patológica”. Es decir, algunos animales pueden manifestar comportamientos que no siguen un patrón “normal” o “habitual” para la especie. Los patrones conductuales pueden verse alterados como resultado del aprendizaje o como consecuencia de ciertas enfermedades.

Por diferentes motivos, los veterinarios son los únicos profesionales encargados de diagnosticar, tratar y prevenir los problemas de conducta.

Además de ser molestos, los problemas de conducta son importantes en la sociedad, y en la clínica veterinaria, por diferentes motivos:

Son problemas muy frecuentes. En función de unos estudios, entre el 72 y el 85% de los perros (de compañía) muestran, al menos, una conducta molesta a lo largo de su vida. Los porcentajes son muy similares en otras especies como gatos, caballos o animales exóticos. Además, también es frecuente que muestren más de un problema de comportamiento a la vez.

Algunas conductas pueden resultar peligrosas para las personas y/o para otros animales (p.ej., los comportamientos agresivos). Además, también pueden representar un peligro, incluso vital, para el propio animal, como en algunos los comportamientos de automutilación. Al ser comportamientos molestos, alteran la relación y el vínculo entre la familia y el animal y, por lo tanto, dificultan la convivencia en casa.

Afectan al bienestar del animal: Los problemas de conducta alteran, con frecuencia, el bienestar del animal, entre otros motivos, porque pueden suponer una fuente de estrés crónico y difícil de controlar.

Desgraciadamente, según las estadísticas, los problemas de comportamiento son la principal causa de eutanasia de animales de menos de 3 años. Y, además, también son, históricamente, una de las tres principales causas de abandono de animales de compañía (poner enlace en la web con la página de la “Infografía Affinity del abandono en España”).

  • Problemas de agresividad
  • Problemas relacionados con la ansiedad
  • Problemas de miedo y fobias
  • Conductas repetitivas
  • Problemas relacionados con el manejo (falta de control durante los paseos o control general)
  • Problemas de eliminación: perros que orinan o defecan en lugares no deseados por la familia.
  • Problemas de destructividad
  • Problemas de vocalización (ladridos, aullidos, gemidos, etc.)
  • Problemas de eliminación inapropiada (micción o defecación fuera del arenero)
  • Problemas de agresividad
  • Problemas de rascado (conductas destructivas)
  • Conductas repetitivas
  • Problemas de miedo o fobias
  • Problemas relacionados con la ansiedad
  • Problemas de vocalización (maullidos, rugidos, etc.)

A la hora de poder ayudar a las familias con un animal que muestra problemas de conducta, lo primero (y más importante) que debe hacerse es un correcto diagnóstico del problema. Si un diagnóstico, no se puede establecer un plan de tratamiento eficaz.

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de observar o convivir con animales de compañía habrá notado que cada uno se comporta de una manera similar pero, al mismo tiempo, distinta a otros individuos de la misma especie. En otras palabras, cada individuo posee su propia “personalidad” o, de forma más precisa, su propio “temperamento”. Para prevenir y tratar los problemas de comportamiento, es necesario comprender los factores que influyen en la conducta animal y, sobre todo, entender por qué cada animal es diferente y se comporta de manera distinta.

El objetivo del diagnóstico es entender por qué el animal se comporta de esa manera. Para ello, desde un punto de vista teórico, es imprescindible entender los factores que determinan la conducta de cualquier animal. A modo de resumen: 

  1. De su temperamento (personalidad). 
  2. De sus experiencias en la edad adulta.
  3. De la salud física del animal. 

De su temperamento (personalidad)

El temperamento (en el caso de las personas, la personalidad es sinónimo de temperamento) hace referencia a “cómo es un individuo mayoritariamente a lo largo de su vida”. Por ejemplo, un animal puede tener un temperamento “miedoso” o “agresivo”. Esto significa, por ejemplo, que el animal muestra miedo de forma frecuente a lo largo de su vida cuando tiene que enfrentarse a ciertas situaciones.

El temperamento de un animal se construye teniendo en cuenta dos grandes factores: La genética y cómo se desarrolla el sistema nervioso central (SNC) durante las primeras fases de su desarrollo.

Genética

Al contrario de lo que muchas personas piensan, estudios recientes sugieren, de manera contundente, que la heredabilidad de los comportamientos en los perros y en gatos es, en términos generales, baja o muy baja.

En otras palabras, la heredabilidad nos indica hasta qué punto la genética resulta influyente, en comparación con otros factores como el ambiente, a la hora de determinar una característica específica. Tiene un valor que oscila entre 0 y 1. La heredabilidad de la mayoría de los comportamientos que con frecuencia se consideran problemáticos sería, en la mayoría de los casos, muy cercana a 0 (como, por ejemplo, la agresión hacia los miembros de la familia).

Entre los comportamientos que son más “heredables” se encuentra el “nivel de actividad del animal” y “el miedo”. Por ejemplo, en los perros, el miedo tiene una heredabilidad aproximada de 0,3.

En resumen, la genética debe tenerse en cuenta al evaluar los problemas de comportamiento, en especial, en aquellos que están relacionados con el miedo y el nivel de actividad. Por ejemplo, Las razas de perros que se han seleccionado para el pastoreo (border collie, pastor australiana, pastor belga, etc.), suelen ser animales con un alto grado de actividad. Estos animales, con frecuencia, son de difícil manejo en según qué entornos que no satisfacen sus necesidades de actividad.

Sin embargo, es importante mencionar que, estudiar el comportamiento de los progenitores no suele ayudar a cambiar el diagnóstico del problema, pero sí a comprender mejor el pronóstico. En otras palabras, saber que los padres de un perro que tiene miedo a las tormentas eran miedosos (de temperamento) no modifica el diagnóstico de miedo a las tormentas, pero sí cambia el pronóstico del tratamiento. En otras palabras, el pronóstico suele ser peor cuando tienen una fuerte base genética, especialmente, si se compara con aquellos perros que muestran miedo como consecuencia de una experiencia negativa. No obstante, la genética desempeña un papel importante en los centros de cría de perros y gatos. Evitar la reproducción de progenitores miedosos es fundamental. Por ejemplo, es un rasgo de temperamento que debería evaluarse cuando se quiere adoptar a un animal en casa.

Desarrollo del SNC: ontogenia

El segundo factor importante a tener en cuenta para entender la personalidad de un perro o de un gato, es el desarrollo de su cerebro (de su SNC para ser más preciso).

El sistema nervioso central comienza a desarrollarse durante la gestación. El entorno en el que se encuentran las madres durante la gestación es importante para comprender el desarrollo del sistema nervioso central y, en consecuencia, el comportamiento de perros y gatos.

Además, ambas especies son neurológicamente inmaduras al nacer, lo que significa que son especies altriciales.

Al igual que durante la gestación, el entorno en el que se desarrolla el cachorro o el gatito (durante los primeros meses de vida) desempeñará un papel fundamental en su comportamiento tanto en la etapa juvenil como en la adulta.

Se pueden distinguir los siguientes periodos de desarrollo:

  • Periodo prenatal. Se extiende hasta el nacimiento. Será especialmente importante para el correcto desarrollo de la respuesta de estrés del animal. Es importante que la madre esté bien atendida durante toda la gestación para asegurar que el cachorro tenga una buena respuesta de estrés cuando sea adulto.
  • Periodo neonatal. En perros y gatos, se extiende desde el nacimiento hasta aproximadamente los 15 días de edad. Estas primeras semanas, aunque tienen tacto, gusto y olfato, son ciegos y sordos.
    De nuevo, el correcto manejo del cachorro durante estos primeros días de vida es esencial para que su respuesta de estrés sea ajustada a la realidad de la amenaza a la que tiene que hacer frente al animal. Por este motivo, es importante que el cachorro esté en un entorno seguro, con la madre, que le de protección y comida a demanda.
  • Periodo transicional. Este periodo comienza con la apertura de los ojos y de los conductos auditivos. En los perros, se extiende desde la segunda semana hasta la tercera semana de vida. En el caso de los gatos, está relativamente menos definido y parece tratarse de un periodo más breve, alrededor de los 15 días de edad. Es importante señalar que, aunque los ojos y los oídos están abiertos, siguen siendo sordos y ciegos.
  • Periodo de socialización. El inicio de este periodo coincide con la madurez sensorial de los perros y gatos. En los perros, comienza aproximadamente en la tercera semana de vida, mientras que en los gatos ocurre alrededor de la segunda semana de vida. Una de las características más relevantes de este periodo es que los neonatos son sensorialmente maduros pero incapaces de sentir miedo, dado que las estructuras cerebrales responsables del miedo todavía son inmaduras. Durante las semanas siguientes aparecen las primeras manifestaciones de miedo: en los perros, el miedo está completamente desarrollado a las 12-15 semanas de edad, mientras que en los gatos el periodo de socialización es más corto y finaliza aproximadamente a las 7-9 semanas de edad. Es un período vital para que el animal sea equilibrado cuando es adulto. Aprenden el lenguaje de la especie, a relacionarse con otros animales, a habituarse a los estímulos más comunes en su día a día, los hábitos higiénicos, etc. El manejo es fundamental, especialmente, porque todavía no tiene todas las vacunas y podemos caer en el error de aislar totalmente al animal del exterior (para evitar enfermedades de tipo infeccioso), lo que puede tener un impacto negativo a lo largo de toda la vida del animal, en lo relativo a su comportamiento.
  • Periodo juvenil-adolescente. Se extiende desde el final del periodo de socialización hasta la madurez sexual. Algunos autores sostienen que podría prolongarse incluso unos meses después de alcanzada la madurez sexual.

Experiencias en su edad adulta

A nadie escapa que las experiencias que el animal tiene cuando es adulto, moldea la conducta del animal. Dicho de otra manera, aunque un perro sea “miedoso” (de temperamento miedo), puede llegar a aprender, gracias a las experiencias positivas, que algunos estímulos no tienen que darle miedo. O al contrario, es decir, un animal que no es miedoso, desde un punto de vista de temperamento, puede tener una experiencia muy mala con algo o con alguien y que, entonces, empiece a mostrar miedo a ese estímulo.

De su salud física

La relación entre la salud física y la salud mental es absolutamente inseparable y, además, bidireccional. Existen varios escenarios que permiten comprender esta relación:

  • Problemas de comportamiento debidos a causas médicas.

    Por ejemplo, problemas asociados al dolor o numerosas patologías neurológicas, entre muchas otras.

  • Problemas médicos que son consecuencia de trastornos de comportamiento primarios.

    Por ejemplo, la cistitis intersticial felina, la alopecia psicógena o la dermatitis acral por lamido.

  • Problemas médicos y conductuales que se refuerzan mutuamente.

    Por ejemplo, aquellos trastornos que cursan con prurito (picor).

Como se verá más adelante, es imposible realizar un diagnóstico correcto de un problema de comportamiento sin tener en cuenta el estado de salud del animal y sin incluir siempre (sin excepción) las patologías médicas en el diagnóstico diferencial.

Por lo tanto, cualquier comportamiento que manifieste un animal estará influido por una multitud de factores. Si este comportamiento se convierte en problemático, es probable que la familia busque asistencia en la clínica veterinaria para abordar y revertir la situación.

Cualquier comportamiento que motive una consulta debe ser considerado por el veterinario como un signo clínico. En otras palabras, un animal que muestra agresividad o miedo en determinadas situaciones, desde una perspectiva clínica, debe valorarse del mismo modo que si el animal cojease o presentara alopecia, por ejemplo.

En consecuencia, la función inicial del etólogo clínico será determinar la motivación subyacente de ese comportamiento, que puede ser puramente etológica, puramente médica o una combinación de ambas.

Para realizar un enfoque diagnóstico preciso, debe elaborarse una anamnesis etológica completa (es decir, una entrevista con la familia) que incluya todos los aspectos mencionados en el apartado anterior: las condiciones de la madre durante la gestación, las condiciones de crianza del animal, sus experiencias previas y las condiciones ambientales pasadas y actuales en las que vive, entre otros factores.

Para valorar el estado de salud actual, siempre deben realizarse un examen físico general, un examen neurológico y algunas pruebas de laboratorio, que dependerán de la historia médica y etológica.

Con toda esta información, el etólogo clínico hará un diagnóstico diferencial, es decir, una lista de problemas que pueden justificar los signos clínicos (síntomas) del animal. Este diagnóstico diferencial determinará las siguientes pruebas diagnósticas que deban realizarse (protocolo diagnóstico).

Si se sospecha de manera particular un problema de comportamiento “puro”, pueden ser necesarias algunas pruebas complementarias, como grabaciones en vídeo (por ejemplo, en casos relacionados con problemas por separación) o pruebas de comportamiento.

Si se sospecha principalmente un problema médico, deberán determinarse entonces las pruebas complementarias idóneas para alcanzar un diagnóstico definitivo.

En resumen, ante cualquier problema de conducta, siempre debe haber un trabajo de diagnóstico que debe incluir, sin excepción, descartar problemas médicos que justifiquen la conducta. Por este motivo, entre otros, los problemas de comportamiento siempre deberían ser diagnosticados y tratados por un veterinario especialista en medicina del comportamient

Lanzamiento Formación el 01/01/2026

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