
Tomás Camps, etólogo, sobre viajar con mascotas:
“Meter a un perro en la bodega de un avión puede ser traumático”
Hoteles pet friendly, playas para perros y escapadas rurales han normalizado viajar con mascotas, pero no todos los animales viven esos planes como una aventura.
Periodista de Viajes National Geographic
Viajar con animales se ha convertido en una costumbre que parece incuestionable. Hoteles pet friendly, terrazas con bebedero, playas con horarios para perros, escapadas rurales diseñadas para incluirlos en el plan y unas redes sociales llenas de mascotas asomadas a una ventanilla o mirando al mar. Que un animal pueda venir no significa que deba hacerlo. Que un alojamiento lo acepte no implica que ese destino esté pensado para él. Y que no se queje no quiere decir, necesariamente, que esté bien.
Para leer mejor sobre el terreno, más emocional de lo que parece, hablamos con Tomàs Camps, veterinario especializado en etología clínica y bienestar animal. Su trabajo no parte de la idea »bonita» de viajar con tu compañero de aventuras peludo, sino de la conducta: qué siente un animal ante un cambio, cómo procesa el miedo, qué papel juega su figura de seguridad y cuándo un viaje puede pasar de experiencia compartida a situación estresante.
Camps observa las vacaciones desde un lugar incómodo pero necesario, que es el del animal, y no el nuestro. Porque ahí empieza la conversación: en dejar de preguntarnos si nos apetece llevarlo y cómo hacerlo, y empezar a preguntarnos si él, de poder elegir, vendría.

Pregunta: Si tuvieras que desmontar un mito sobre viajar con perros o gatos, ¿cuál sería el primero?
Respuesta: El primero, seguramente, es que todos los perros se adaptan. Hay perros que viajan muy a gusto, pero también hay muchos para los que puede ser una experiencia horrible. Depende del individuo, del transporte, del destino y de cómo se haya preparado ese viaje.
Con los gatos pasa algo parecido, pero con un matiz importante. No me gusta nada esa idea de que “van a su bola”, porque son animales sociales y pueden crear un vínculo profundo con su familia. Pero por su sensibilidad a los cambios y por esa respuesta tan intensa que pueden tener ante situaciones nuevas, no aconsejaría llevarlos de viaje si existe otra alternativa saludable.
También tenemos que abrir el foco. No es lo mismo hablar de un perro que de un conejo, un gato o un lagarto. Cada especie es muy diferente y, desde el punto de vista emocional, no podemos caer en generalizaciones. Que a un animal lo acepten en un avión no significa que el viaje sea bueno para él.

P: ¿Qué pesa más para un perro durante un viaje: estar con su familia o mantener su rutina?
R: En muchos casos pesa muchísimo estar cerca de su figura de seguridad. Si hablamos de un perro que se adapta bien a los cambios, seguramente será mejor que viaje con su familia a que se quede lejos de ella. Pero no es una norma cerrada. Hay que mirar el tipo de transporte, el destino, lo que vamos a hacer allí y si realmente el perro va a poder formar parte de esos planes. No es lo mismo irnos dos días que dos meses.
Tampoco es lo mismo elegir un lugar donde el animal podrá pasear, descansar y acompañarnos, que otro en el que acabará solo en un hotel mientras nosotros hacemos cosas. Por eso hay que individualizar cada caso.
Y luego está toda la parte legal y sanitaria, que muchas veces se subestima. Hay gente que piensa: “Como para entrar en este país no me han pedido nada, para volver a España tampoco tendré problemas”. Y no siempre es así. En algunos destinos hay que preparar pruebas de anticuerpos de rabia, controles veterinarios, test previos, cuarentenas o normas muy estrictas. Con animales vivos, las fronteras no funcionan como cuando tú pasas con tu maleta.
P: ¿Un animal nota que su humano de confianza no está cerca cuando viaja separado de él?
R: Sí, especialmente en animales sociales como el perro. Cuando un animal tiene que afrontar una situación emocionalmente intensa, vivirla con alguien con quien tiene un vínculo especial puede funcionar como un amortiguador. Le ayuda a adaptarse mejor. Sabemos que estas situaciones son menos estresantes cuando el animal está con una persona de la familia o con un perro conocido, por eso yo trataría de evitar a toda costa meter a un perro en la bodega de un avión, salvo que sea estrictamente necesario.
Un trayecto largo, solo, con ruidos, movimientos, oscuridad, frío o calor puede ser muy difícil de gestionar. Ocho horas así, para mí, puede ser realmente traumático.

P: ¿Proyectamos nuestras inseguridades al viajar con ellos?
R: El contagio emocional en perros está muy estudiado, aunque no tiene por qué ocurrir. Pero más allá de eso, lo importante es que si el animal tiene miedo, hay que darle apoyo. Si llora, rasca, muerde el transportín o intenta salir, no hay que castigarlo ni ignorarlo. La relación entre perros y personas tiene mucho de vínculo materno-filial. No va de obligar al animal a “espabilar” o a hacerse independiente dejándolo solo con su miedo.
Si le ayudas, si le calmas y le das seguridad, estás construyendo un apego seguro. Y eso, a la larga, le da más herramientas para gestionar situaciones emocionales complicadas.
P: ¿Qué señales nos dicen que una mascota no está disfrutando del viaje aunque “se porte bien”?
R: Hay señales claras: jadeos, taquicardias, cola entre las piernas, orejas hacia atrás, pupilas dilatadas, miradas constantes de chequeo del entorno, lloros, ladridos o rechazo a una actividad. En gatos podemos ver que dejan de comer o que se esconden. Pero también hay un estrés más silencioso. En perros, si durante el paseo no olfatea, no explora y solo tira de la correa intentando llegar a otro sitio, probablemente no está disfrutando. Que un animal no proteste no significa necesariamente que esté bien.
P: ¿Qué tipo de destino suele ser más amable para un perro?
R: Los destinos rurales o de campo suelen funcionar mejor porque permiten paseos más tranquilos y más margen de movimiento. Pero también hay que ser prudentes. Si el perro no está acostumbrado a ver cabras, ovejas, vacas o gallinas, puede reaccionar mal. En esos casos, mejor una correa larga y control de la situación.
Con la playa hay que tener mucho cuidado. Hay destinos que se anuncian como pet friendly, pero luego las playas no admiten perros, especialmente si tienen bandera azul. Y dejarlo en el coche jamás es una opción. Puede sufrir un golpe de calor y morir.
P: ¿Estamos normalizando llevar perros a lugares demasiado calurosos?
R: Sí, y hay que vigilarlo mucho. Los perros suelen adaptarse mejor al frío que al calor, porque pierden calor con más dificultad. En razas braquicéfalas, como bulldog francés, bulldog inglés, carlino, pequinés o bóxer, el riesgo es mayor, igual que en animales con problemas cardíacos o respiratorios. Si viajamos a un sitio caluroso, el animal tiene que poder acceder siempre a sombra, agua fresca y buena corriente de aire. Y hay que recordar que un golpe de calor es una urgencia veterinaria.
P: ¿Cómo se entrena bien el transportín?
R: El mayor error es acordarse del transportín el día de antes. Esto no se puede improvisar. El transportín hay que positivizarlo poco a poco, durante semanas o incluso meses. Primero con la puerta abierta, con su cama dentro, con comida, premios y momentos de descanso. Después se va cerrando de forma gradual. La idea es que no sea “la caja del terror”, sino un lugar seguro.
P: ¿Sedarlos para que vayan tranquilos es buena idea?
R: Hay que diferenciar sedación de ansiolisis. Puede haber fármacos útiles, siempre pautados por un veterinario, pero no se debe medicar por cuenta propia. Hay un fármaco antiguo, el maleato de acepromacina, que se ha usado durante mucho tiempo y que para esto no debería utilizarse. Puede dificultar el movimiento del animal, pero no modificar realmente su percepción del entorno ni su nivel de ansiedad. Es decir, el animal parece quieto, pero puede seguir pasándolo igual de mal. Siempre hay que consultarlo con un veterinario.
P: Viajar con animales y redes sociales: ¿qué prácticas preocupan más?
R: La comunicación en redes sociales sobre estos temas puede ser desastrosa. Se viralizan consejos, productos o soluciones sin suficiente contexto, y eso es peligroso. Debemos buscar canales de información basados en evidencia. Un ejemplo que escucho mucho es el CBD para manejar el estrés. No diría que sea bueno o malo en términos absolutos, pero la evidencia para el manejo del estrés es limitada y variable. Antes de probar algo porque lo hemos visto en redes, es mejor hablar con un veterinario.
P: Cuando viajar no es la mejor opción, ¿qué alternativa elegirías?
R: La mejor opción suele ser la que menos cambia la rutina del animal. Si puede quedarse en casa con alguien conocido que viva en tu casa esos días, mucho mejor que visitas puntuales. Otra alternativa son cuidadores en un entorno doméstico, pero conviene hacer adaptación previa: unas horas, luego un día, después quizá un fin de semana.
P: Si un animal pudiera opinar sobre nuestras vacaciones, ¿qué crees que nos pediría?
R: Que mirásemos su caso concreto. Cada animal es un mundo, cada familia también y cada viaje tiene sus condiciones. No se trata de llevarlo siempre ni de dejarlo siempre,m sino de tomar la decisión pensando en su bienestar, no solo en nuestras ganas de llevarle.